Esta medalla nace de imaginar a María caminando en un jardín vivo, entre flores, tierra húmeda y ese aroma profundo a lluvia recién caída.
Una María cercana, libre… no rígida.
Una María que podemos ser todas.
Disfrutando del sol en el rostro, del aire, del viento, con los pies descalzos tocando la tierra mojada y las hojas, recorriendo su propio camino.
El Camino de María es la vida misma:
a veces suave como un pétalo aterciopelado,
otras veces punzante como una espina.
Pero siempre avanzando…
con fe, con presencia, y con una sonrisa en el alma.
